
Había algo verde en el plato de Pigúiça.
Ladeó la cabeza hacia un lado. Luego hacia el otro. La cosa verde seguía ahí, quietecita, junto a la sopa. Parecía un arbolito, con tronquito y todo.
“¿Qué es eso?”, preguntó, desconfiada.
“Brócoli”, dijo Fofuxo, desde el otro lado de la mesa. “Lo recogimos hoy en la huerta”.
“No me gusta”, dijo Pigúiça, empujando el plato con el hocico. “Es demasiado verde. Y tiene cara de hacer cosquillas en la garganta”.
“¿Lo has probado alguna vez?”, preguntó Fofuxo. Y Pigúiça contestó, muy firme: “No. Pero no me gusta”.
Fofuxo no insistió. Solo tomó un brócoli de su propio plato y se quedó mirándolo, muy serio, como un científico con anteojos. “¿Sabes qué creo? Que esto es un árbol de un bosque de hormiguitas. Mira qué copa tan grande. Aquí arriba cabe una casita de hormigas”.
Pigúiça miró de cerca. Era verdad. Parecía de verdad un bosque chiquitito, con ramitas, hojitas y todo.
En la punta de la mesa, Tico, el salchicha, agarró un brócoli entero y lo masticó. Crec, crec, crec. “¡Hace ruido!”, dijo, con la boca llena. “¡Es como pisar hojas secas en otoño!”
A Pigúiça le entró curiosidad. Primero, lo olió. Olía a campo después de la lluvia. Después, lo tocó con la pata. Era blandito arriba y durito abajo. Luego acercó la puntita de la lengua. No pasó nada malo. La lengua siguió en su sitio, y la cola también.
Entonces, muy despacio, le dio un mordisco del tamaño de una hormiga. Crec.
Masticó. Masticó un poco más. Puso cara de estar pensando, con un ojo medio cerrado y el otro mirando al techo. Tico y Fofuxo se quedaron esperando, sin parpadear.
“¿Y bien?”, preguntó Tico.
“Pues... más o menos”, dijo Pigúiça. Y después de un ratito: “Pero el ruido es divertido. Mañana pruebo otro pedacito, ¿sí? Un pedacito del tamaño de una mariquita”. Fofuxo movió la cola. Más o menos ya era un comienzo muy bonito.
Más tarde, con la barriga calentita de sopa, Pigúiça se acomodó en la cama y cerró los ojos. Y soñó con un bosque de arbolitos verdes, donde unas hormiguitas con sombrero paseaban despacio, muy despacito, hasta que todas se quedaban dormidas también.
