
Aquella noche, la Luna no podía dormir.
Lo intentó desde un lado del cielo. Lo intentó desde el otro. Intentó quedarse muy quieta, e intentó esconderse detrás de una nube. Nada. Allá abajo, Dogavios dormía entero, con las casitas apagadas, y solo ella seguía allí, encendida, redondita y despierta. Pensó que quizá era la única despierta en todo el mundo, y eso la hizo sentirse un poco sola.
Pigúiça, que estaba casi dormida, oyó un suspiro de luz en la ventana. Abrió un ojo azul. “¿Quién está ahí?”
“Soy yo, la Luna”, dijo una voz plateada, muy bajita. “Estoy cansada, pero el sueño no viene”.
Pigúiça bostezó, y pensó, como Fofuxo le enseñaba cuando ella tampoco podía. “Sé tres cosas que ayudan”, dijo. “¿Quieres probar?”. “Quiero”, dijo la Luna.
“La primera es respirar muy despacio”. La Luna tomó aire. Las nubes, allá arriba, se fueron moviendo más despacio, más despacio. La Luna soltó el aire, y todas las estrellas parpadearon, muy lentamente.
“La segunda es pensar en cosas suaves. Una manta. Una almohada. El pelo de Fofuxo”. La Luna pensó en lo suave. Entonces llamó a una nube sonriente, que vino y se tumbó encima de ella, mullidita, como una manta. La nube sonrió y dijo: “Buenas noches”.
“La tercera”, susurró Pigúiça, con la voz ya blanda, “es cerrar los ojos, aunque el sueño todavía no haya llegado. Llega más fácil cuando encuentra los ojos cerrados”.
La Luna cerró los ojos. Un poquito. Luego otro poquito más.
Las piedras de Dogavios empezaron a cantar, muy bajito, casi sin voz, una canción de cuna. Las flores cerraron los pétalos, una por una. El viento dejó de soplar, solo para no hacer ruido. Hasta el río, allá lejos, empezó a correr más despacio.
La luz de la Luna se fue apagando, suavecita, suavecita, como una linterna que alguien va bajando despacio.
Pigúiça sonrió. Había ayudado a la Luna a dormir. Sus ojos azules se fueron poniendo pesados, pesados. Intentó quedarse despierta solo un poquito más, solo para ver dormirse a la Luna, pero no pudo.
Shhh.
La Luna duerme. Pigúiça duerme. Fofuxo duerme. Dogavios entero duerme.
Buenas noches, Luna. Buenas noches, Pigúiça. Buenas noches... tú.
