Toda casa con niños tiene una: la pila. Hojas pintadas encima del microondas, pegadas en la nevera hasta que el imán se rinde, guardadas en un cajón que nadie abre. Tirarlas da culpa, guardarlas todas es imposible.
Diez destinos mejores que el cajón
- Papel de regalo. Envuelve el regalo del cumpleaños del primo con el dibujo que pintó. Queda bonito y él pasa a ser parte del regalo.
- Tarjeta. Dóblala por la mitad, escribe dentro y mándala a la abuela. Las abuelas las guardan para siempre.
- Marcapáginas. Recorta una tira de dos centímetros. Se convierte en el marcador del libro que estáis leyendo.
- Juego de memoria. Imprime el mismo dibujo dos veces, píntalos igual, pégalos en cartón y recorta.
- Puzle. Pégalo en una caja de cereales y córtalo en seis u ocho piezas. A los pequeños les encanta rehacer su propio dibujo.
- Móvil. Recorta los personajes, haz un agujero y cuélgalos con hilo en la ventana.
- Tapa de cuaderno. Pega el dibujo en la tapa y pasa cinta adhesiva ancha por encima para protegerlo.
- Galería con cuerda. Tensa una cuerda en la pared y sujeta las hojas con pinzas. Fácil de cambiar y sin agujeros.
- Álbum del año. Una carpeta con fundas, una hoja por mes. A fin de año veis cómo cambió el trazo: impresiona.
- Foto y reciclaje. Fotografía la hoja, guarda la foto en un álbum del móvil y recicla el papel sin culpa.
La conversación que marca la diferencia
Antes de decidir el destino, pregunta: «¿cuál de estos quieres guardar?». Deja que el niño elija tres. El resto va a los usos de arriba o al reciclaje, y él participó de la decisión. Eso enseña a elegir lo que importa, una habilidad que sirve mucho más allá del papel.
Y cuando se acabe el material
Si la pila bajó y el niño quiere más, puedes descargar e imprimir más dibujos gratis cuando quieras: hay 239 en el archivo, suficiente para no repetir ninguno.





