Para el perro de la casa, la llegada de un bebé es una revolución: olores nuevos, sonidos desconocidos, muebles cambiados y, sobre todo, menos atención. Cuando todo eso ocurre de golpe, el perro asocia al bebé con la pérdida. Cuando se prepara con tiempo, lo asocia con cosas buenas. La diferencia entre ambos escenarios empieza meses antes del parto.
Durante el embarazo
- Adelanta los cambios de rutina: si los horarios de paseo van a cambiar, cámbialos ya. Así el perro no culpa al bebé del cambio.
- Arma el cuarto con anticipación: deja que el perro huela cuna, coche y muebles con calma, y recién después define si esa habitación estará permitida.
- Entrena lo esencial: sentado, echado, “a tu sitio” y “deja”. “A tu sitio” es la señal más útil de la vida con bebé: aleja al perro sin gritos ni tirones.
- Habitúalo a los sonidos: pon grabaciones de llanto de bebé a volumen bajo junto con premios, subiendo poco a poco.
- Revisión veterinaria: vacunas, desparasitación y antipulgas al día antes del parto, y comenta cualquier señal de ansiedad con tu veterinario.
El primer encuentro
- El olor antes que la persona: lleva a casa una manta usada por el bebé uno o dos días antes del alta y deja que el perro la huela sin presión.
- Saluda al perro primero: quien carga al bebé entra después. El perro se desahoga, se calma y recién entonces aparece el bebé.
- Sentados, tranquilos y sin ceremonia: un adulto sostiene al bebé sentado, el perro se acerca con correa floja y huele los pies. Nunca acerques la cara del bebé al hocico.
- Termina temprano: dos minutos buenos valen más que diez tensos. Cierra mientras todo sigue relajado y dale algo rico al perro.
