A los cuatro años pasa algo importante: ya siguen dos o tres instrucciones seguidas, empiezan a entender las reglas de un juego y adoran sentirse capaces. Si la actividad es demasiado fácil, la abandonan en dos minutos. Si es demasiado difícil, se rinden llorando. El punto justo es ese en el que tienen que esforzarse un poco y lo consiguen.
Juegos con reglas sencillas
- Memoria casero: seis parejas de cartas dibujadas por ellos. Les importa más y aciertan antes porque reconocen su propio trazo.
- Un, dos, tres, momia es: dos órdenes, muchas risas y control de impulsos en estado puro.
- Adivina el sonido: haz un ruido detrás del sofá (arrugar papel, golpear una cuchara) y que adivinen. Afina el oído.
- Dominó de dibujos: secuencia y correspondencia sin necesidad de leer.
Proyectos manuales que valen la pena
- Ciudad de cajas: briks, cartón y cinta. Un proyecto que puede durar varios días y crecer en cada sesión.
- Collage temático: revistas viejas y una misión: buscar solo cosas azules, o solo cosas de comer.
- Su propio libro: grapa cuatro hojas, ellos dibujan y tú escribes las frases que dicten. Guárdalo. Es un tesoro.
- Cocinar de verdad: cascar un huevo, mezclar, montar un bocadillo. Medir, contar y comerse el resultado.
- Circuito de obstáculos: pasar bajo una silla, saltar un cojín, girar al final. Que diseñen la siguiente versión.
